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Avales y garantías bancarias en las transacciones exteriores

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En las transacciones exteriores, al igual que en las operaciones internas, las entidades de crédito otorgan a sus clientes toda clase de fianzas, avales, garantías y cauciones, asegurando el buen fin y adecuado cumplimiento de los compromisos y obligaciones contraídos por éstos en sus operaciones de exportación, de importación o de inversiones en el exterior. Mediante estos contratos de fianza, el avalista, generalmente un banco u otra entidad financiera, se obliga a pagar una cantidad de dinero o realizar una prestación en el supuesto de que no lo haga el obligado principal, que será en esta relación aseguratoria el cliente avalado.

En estos contratos existe pues una relación subyacente entre acreedor y deudor, sobre la que se basa el contrato de fianza. Además deben diferenciarse por un lado las relaciones entre el banco avalista y el acreedor, y de otro, las relaciones entre el banco y el cliente avalado.

Las relaciones entre el acreedor de la obligación principal y el banco se materializan en el contrato de preaval y de aval propiamente dicho.

Los preavales son un paso preliminar para la obtención de la garantía definitiva. El documento de preaval suscrito entre el banco con el cliente no supone un compromiso en firme por parte de la entidad avalista pero sí expresan su disposición a otorgar una garantía o aval definitivo ante el acreedor de la relación subyacente, esto es, la entidad que lo requiere del importador o exportador español o exigido por compromisos de inversión en proyectos en el exterior, como paso previo para el estudio de la operación financiera que ha sido propuesta por el cliente. Los preavales deben ser consignados en los registros especiales del banco.

Los avales y garantías económicos son los avales propiamente dichos, esto es, los que implican la responsabilidad en firme del banco avalista ante el incumplimiento de la obligación de pago del cliente avalado ante terceros por sus operaciones en el exterior. Estos avales económicos pueden garantizar operaciones comerciales (aplazamiento de pago en la compraventa de bienes y servicios, fraccionamientos de pago, anticipos entregados, etc.) o financieras (impago de préstamos y créditos concedidos al avalado por otras entidades no residentes).

Estas garantías mediante aval en las que el banco se obliga a indemnizar con una cantidad de dinero al beneficiario, en caso de incumplimiento del obligado principal, son por tanto garantías subsidiarias e incluso pudieran llegar en algunos supuestos a ser garantías subordinadas, es decir, que sólo sería efectiva si otra garantía principal no llegara a cubrir la obligación incumplida.

Las aceptaciones bancarias de documentos de giro son una de las formas de garantía económica. Su práctica más característica se encuentra en los créditos documentarios irrevocables confirmados con pago aplazado.

Además de los preavales y los avales económicos las entidades financieras en ocasiones también prestan avales y garantías técnicos exigidos por los organismos públicos extranjeros y los organismos internacionales de financiación multilateral para que el avalado (contratista español) pueda participar en concursos, subastas, ejecución de obras o suministros, participación en proyectos de financiación internacional, etc., así como para responder del incumplimiento de los compromisos contraídos una vez firmados los contratos.

De otro lado se encuentran las relaciones entre el banco avalista y el cliente avalado, que generalmente se materializan en un contrato de contragarantía o contraaval con el propio avalado o con una tercera entidad, de modo que la entidad financiera cubra el riesgo de la obligación contraída por el afianzamiento prestado, se trata en definitiva de un contrato de relevación de fianza.

Múltiples son las operaciones que pueden precisar la obtención de un aval o garantía, tanto de carácter previo a la operación en cuestión como para garantizar su correcto cumplimiento o, en su caso, el resarcimiento mediante su ejecución. A continuación se apuntan algunas de las garantías contractuales que van cobrando auge en las transacciones internacionales, y que tienen por objeto asegurar el cumplimiento del contrato mercantil internacional en todas sus fases, desde el inicio de la oferta hasta su total ejecución y servicio postventa y de mantenimiento:

Garantías de oferta o avales de licitación (“Bid Bond”, “Tender Bond”, “Tender Guarantee”). Son garantías utilizadas principalmente en los contratos de adjudicación de obras internacionales. Resulta muy frecuente que las empresas y organismos públicos que convocan una licitación internacional para la realización de una obra civil, la adquisición de bienes de equipo o adquisición de plantas llave en mano requieran de los contratistas licitantes un aval bancario que garantice la realización del contrato en caso de resultar adjudicatarios de la oferta. Con esta garantía se pretende que el adjudicatario firme el contrato, esto es, que respete la oferta. Otra de las funciones que también cumplen estas garantías de oferta es evitar que se presenten a concurso licitadores que no gozan de la suficiente capacitación técnica y/o financiera o cuya única finalidad es hacer subir irregularmente los precios.

La empresa contratante extranjera suele exigir al banco del licitador español una garantía en virtud de la cual la entidad financiera asume el compromiso de pagar entre un 10 y un 20 por 100 del precio total en caso de incumplimiento del licitante adjudicatario.

Garantías de reembolso o avales de anticipos (“Advance Payment Gua-rantee”, “Repayment Bond”). En algunas operaciones de comercio internacional es corriente que el exportador exija del importador uno o más pagos anticipados para financiar el período de fabricación de los bienes o servicios a suministrar, corriendo el importador con el riesgo de que el suministrador incumpla su obligación y se pierdan los anticipos. Mediante la garantía de reembolso el banco español garantiza al comprador extranjero la devolución de los anticipos efectuados en el supuesto de incumplimiento del contrato por el exportador.

Garantías de ejecución (“Performance Bond”). Son garantías que aseguran de los posibles riesgos de incumplimiento del vendedor o suministrador. Se utilizan principalmente en bienes de equipo y construcciones, una vez que ya está adjudicada la licitación para evitar que la construcción quede interrumpida, que se paralicen los suministros, que se cumplan escrupulosamente las condiciones pactadas en cuanto a fechas, calidad, etc. Al igual que en las garantías de oferta el banco suele asumir un compromiso de pagar entre un 10 y un 20 por 100 del precio total en caso de incumplimiento del adjudicatario.

Garantías de mantenimiento (“Maintenance Guarantee”). En estos casos la garantía que se exige del banco es que pague en caso de que el vendedor o suministrador no cumpla con todas sus obligaciones de mantenimiento, especialmente durante el período de garantía contractual, en supuestos tales como defectos o deficiencias de calidad de los productos, ausencia de servicio de mantenimiento, etc.

Garantías de pago de importaciones. Garantizan al exportador el cobro de su operación de venta en el extranjero. Estas garantías o avales pueden instrumentarse en los propios documentos de pago como en una letra de cambio, pagaré, remesa simple o documentaria o crédito documentario, o bien formalizarse en un documento independiente.

Garantías o avales de créditos financieros. Son las utilizadas en operaciones crediticias de préstamo o crédito y garantizan el regular pago de las amortizaciones de capital e intereses.

Garantías o avales de contrapartidas. Se utilizan en las operaciones de barter y comercio de compensación garantizando la obligación de uno de los contratantes de adquirir determinadas mercancías como contrapartida y, asimismo, la del otro contratante de suministrarlas en las condiciones pactadas.

En cualquier caso, todas estas modalidades de garantía pueden formalizarse para una operación concreta o instrumentarse mediante una línea de aval. La póliza de una línea de avales tiene la ventaja de que mediante un contrato marco el cliente puede solicitar del banco la formalización de varios avales, para un mismo acreedor o para varios beneficiarios, a lo largo de un período de tiempo y hasta un límite cuantitativo previamente acordado, fórmula mediante la cual se ahorran gastos administrativos y los correspondientes a la intervención de fedatarios públicos para cada operación individualizada. Con la línea de aval el banco otorgará los preavales y avales que solicite el cliente frente a las personas o entidades que él vaya designando y por los importes que él decida, siempre y cuando no se rebase el límite cuantitativo fijado.

Una de las cuestiones más problemáticas que presentan estas garantías y avales sobre extranjero, principalmente cuando se otorgan ante organismos públicos, es que no tienen un vencimiento determinado, lo que implica que el aval sigue vigente y no quedará definitivamente cancelado hasta que la entidad financiera reciba el documento en el que el aval se ha consignado, hecho que, por otra parte, no tendrá lugar hasta que el beneficiario de la garantía quede satisfecho en su relación subyacente y devuelva el documento al deudor de la prestación (cliente avalado). Precisamente, ello tiene importantes repercusiones en orden al cargo de comisiones, pues el banco avalista sigue cobrando comisiones al cliente avalado en tanto no obtenga la devolución del documento original. Ante ello, el Banco de España el 21 de junio de 1982 resolvió la cuestión al establecer: «Si el aval otorgado por el banco ha vencido, es decir, cuando el documento del aval no tiene validez ante nadie, el banco avalista no debe cobrar comisiones aunque no se haya devuelto el aval original. Sin embargo, el cobro de comisiones sería válido hasta que se haya devuelto el aval original al banco avalista en el caso de que dicho aval no tenga un plazo de vencimiento fijo y, por tanto, represente hasta su devolución, un riesgo desde el punto de vista del banco.»

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